El oráculo de Pablo

“…En el sur de nuestro mapa

A pesar de la oscurana

Hay un pueblo amaneciendo”

Alí Primera

 

“Nadie es profeta en su tierra” dice el dicho, pero a mi me parece una doble mentira: lo primero es que al profeta le da igual la geografía, lo que dice o deja de decir lo hace por una necesidad apremiante e íntima,  no porque lo escuchen

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Nago Monogatari

"El tañer de las campanas en el templo de Gion
presta su eco a lo efímero de todas las cosas.
El rubor de las flores en el árbol que se bifurca
revela la verdad de que florecer es marchitarse.
El que está orgulloso no lo está por mucho tiempo,
como un sueño en una noche de primavera.
El valiente es finalmente destruido,
y no será más que polvo en el viento."

Heike Monogatari (El Cantar de Heike)

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Hubo una vez un príncipe, fuerte y noble y amado por su pueblo, pero el dolor es el veneno más ponzoñoso y no hay colmillo tan agudo como el de la ira.

Las tierras de aquel pueblo orgulloso fueron invadidas y aunque la lucha fue encarnada y brutal, pronto la victoria se decantó por los invasores, entonces el príncipe, poderoso aún y fiero, desafió él solo a todos los asaltantes; antes de partir a la batalla dijo este cantar:

 

No podré olvidar

Un solo pétalo

De este valle

Aunque mi memoria

Caiga en el fuego

 

Y los berridos y lloriqueos de su gente hicieron eco en las montañas, más la resolución de aquel príncipe era irrevocable y tan dura como su mirada.  Así partió pues él solo, a la batalla contra aquellas gentes sin honor, enjutas y  crueles.

Pero fue que la líder de los invasores era una bruja de inmenso poder, despiadada y astuta, que lanzo una terrible maldición contra el príncipe; lo condenó a través del metal y del fuego a vagar entre las sombras del olvido, a perder lo que amaba con más candor, las praderas de su tierra y el barro fresco en el verano, la niebla húmeda en las mañanas frías de invierno y el musgo pintarrajeando las cortezas de los árboles. En el momento de lanzar su hechizo dijo estás palabras:

 

Somos el futuro

Tú eres pasado

Con estas manos

Tomo los segundos

De tu vieja vida

 

El encantamiento funcionó y consumido por la rabia el principie huyó en medio de la locura, convirtiéndose en un terrible demonio de veneno y oscuridad. Su pueblo cayó en la ruina, y fueron doblegados casi hasta el exterminio. Con el tiempo habían perdido incluso su lengua, su amor y su nobleza; solo eran una masa adolorida de rabia superviviente,  victimas ignorantes del mismo terrible destino de su señor

El príncipe demonio huyó a través de los valles y las montañas, en una carrera desesperada de muerte y destrucción, acabando a su paso con todo lo que una vez creyó digno de amor.

Finalmente, después de arrasar a través del bosque un camino largo como un gusano negro y moribundo, llegó a los lindes de una aldea oculta, habitada por otro clan perteneciente a la misma raza maldita que había destruido su país.

Está aldea era la última morada de los jinetes del alce rojo y fue su príncipe, noble y desesperado como lo fuera el divino devastador que llegó de allende las montañas, quien pudo dar paz final al príncipe demonio.

El tañer adolorido de los árboles del bosque caídos ante la corrupción anunciaba el fin de la tragedia de Nago, pues solo la poderosa fuerza de su rabia podía darle muerte. Antes de irrumpir en los pacíficos campos de la aldea Emishi, su mente de demonio, hecha un mar revuelto de tentáculos de ira, quiso hacer un poema:

De su garganta no salió más que el gutural sonido de su hambre destructora y los versos de su cantar eran la pisada fuerte y el estallido de la roca bajo sus poderosos miembros.

Por defender sus gentes, como lo hiciera Nago ante la hechicera, el príncipe de los Emishi, con gran dolor en su corazón, tensó el arco y apuntó directo a uno de los ojos del demonio; en su menté recitó:

 

Tenso esta flecha

Mi vida es arco

Pido recibir

Antes que mi pueblo

Su mortal herida

 

Pero el brazo de un hombre, por fuerte y justo que sea, no es capaz de matar a un dios de la destrucción; entonces la ira de Nago creció y se hizo larga y sinuosa como una serpiente putrefacta, enroscándose en el brazo que debía tensar la fecha, inundándolo de su lenta corrupción de dolor y furia.

Fue así que el brazo endemoniado del príncipe de los emishi tuvo la fuerza suficiente para hendir la frente del demonio que una vez fue el hermoso y noble Nago, señor de los jabalíes del oeste.


Antes de morir, con la corrupción escapando de su cuerpo junto a su sangre, el poderoso Nago compuso un último poema/maldición:

 

Sucias y débiles

Criaturas, ya pronto

Sabrán  mi odio

Y conocerán el

Dolor que conocí

 

Así fueron las últimas palabras que dijo el divino devastador antes de quedar reducido a una pila de huesos malolientes.

En la aldea lloraron el destino de su príncipe, condenado a la lenta muerte del odio, y así fue que cortó su pelo y partió solo sobre su alce rojo para juzgar la terrible verdad de su destino con ojos desprejuiciados. Aquí comienza la leyenda de Ashitaka, pero esa es otra historia.

 





Retruécano

El arca

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Guardián de lo precioso o lo necesario, a menudo de ambas cosas, sin criterio, sin sentido, definido su contenido solo por el arbitrio de su dueño. El vengativo dios de los judíos mandó a Noé a meter una pareja de cada ser vivo en una gran embarcación de madera, no me queda claro si como un acceso de ternura o como el tirano que deja algún vivo como testigo de su furia; lo cierto es que la llamó arca, un cofre para guardar lo más caro, lo último que quedaba en el mundo.

También mandó a hacer el arca de la alianza, una caja de madera chapada en oro para guardar el irrompible contrato bajo el cual los judíos se sometían a ciertos principios morales que hoy en día resultan obvios (aunque también incumplidos), se comprometían a dejar el aparentemente extendido hábito de adorar cuadrúpedos dorados y lo más importante, no cuestionar los términos del propio contrato ni las modificaciones subsiguientes, cualesquiera que fueran, bajo riesgo de despido sin indemnización y con condena eterna. Como beneficio principal e inmediato serían llevados a una tierra que ha manado y sigue manando mucha más sangre que leche o miel.

El arcabuz

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Guardemos con cuidado la bola de metal destructora de huesos, carne y memoria, coloquemos con cuidado el argumento tosco que gana cualquier discusión, en la recamara. La urna de la bala cruda es como el anticipo de esa otra urna, de madera labrada para el noble, de anónima tierra húmeda para el vulgo, que atesora cuerpos fértiles. El primer viso de la mecanización de la muerte, los humanos siempre buscamos la eficiencia y el arcabuz superó todas las expectativas, ahora los campesinos que pululaban el campo de batalla no servían solo para morir, sino también para matar.

Refinamos un poco más el arte de introducir metal en el cuerpo humano, el arcabuz de repetición rápida, el arcabuz de mensajes de punta hueca, explosivos, el arcabuz superpesado de uranio empobrecido. Al cabo de poco prescindimos del plomo, de la recamara, del tosco armazón de madera, metal o polímeros de alto rendimiento. El arcabuz 2.0, el arcabuz 3.0, arcabuz free update, el arcabuz atractivo, insospechado, arcabuz apetecible, con nombres de dulces: arcabuz cinnamon roll, arcabuz icecream, arcabuz apple,  arcabuz marshmellow, etc.  

El arcabuz que apunta a la mente con su volea de democrática esterilidad. En el vacío inmenso que deja en el raciocinio la cavidad sanguinolenta que ha perforado el proyectil solo se escucha el eco de la detonación, azucarada, alegre, pegajosa.

La arcada

Primer corto de David Lynch.

Anticipada y repentina a la vez, sé cuándo me rondas pero no cuando has de llegar, sé todas tus maneras y tus modos pero me niego a reconocerte, evitando tu silueta como el que ve a un rostro familiar y desagradable en el vagón del metro. Te me haces más amable cuando  te presentas envuelta en alcohol, eres casi liberadora, reconozco tu inevitabilidad y la abrazo como consecuencia de mis pequeños suicidios; así, en el fondo del retrete o  a los oscuros pies de un árbol cualquiera, tu rostro amarillento y deforme me resulta querido, amonestador y cruel pero mío, íntimo, solidario.

Ay de mí cuando te presentas en la sobriedad cotidiana, revelándote en el más mínimo gesto. Tu habitáculo preferido es la aguja del reloj sin cristal que pende sobre la máquina del café. Sabes que el café es mi refugio diario, ese rito ahumado y melífero que a la vez me distiende el pensamiento y suaviza la jornada, por eso te agazapas sobre el segundero como una fiera al acecho, esperando que alce la vista pudorosa para erguirte en un estallido de sangre y colmillos sobre mi realidad. La náusea gobierna entonces ese segundo en que la vida se queda desnuda e inerte, un cuerpo sin pasión que anhela la podredumbre, única garantía de la paz.

El arco

kim ki duk El Arco Trailer http://lemapache.ohlog.com

Hay una película de Kim ki-duk llamada “El arco” en la que un anciano pescador cuida de una joven sibila. La película es silente si no muda, los protagonistas no emiten palabras y sin embargo son profundamente expresivos: el anciano es noble y testarudo, egoísta sin malicia, como un niño que ama sin reservas. La joven es inocente y poderosa, no abusa de su poder por un instinto solidario, pero es tan arrolladoramente bella y desafiante de la realidad que trastorna todo a su alrededor.  EL viejo pesca y aparentemente vive de su labor, pero su lugar en el mundo es ser el instrumento de adivinación de la joven; cuando alguien busca un augurio la joven se columpia a un lado del barco, en un péndulo suspendido sobre el mar y el viejo utiliza un arco para lanzar flechas certeras que esquivan a la muchacha en su despreocupado vaivén.

El viejo tiene un mueble, único lujo presente en el barco, en este arcón guarda con celo los ropajes ceremoniales conque la joven tendría que  desposarlo o cuidarlo, mantenerse ligada a el de la manera que fuera, lo cual representa la única falsa profecía de la película. El mueble es el arca de un deseo ignoto aún para el anciano, peligroso y traicionero.

El arcón

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De madera o piedra, reforzado en metal, refugio de  pequeños dioses domésticos, inmensurables fortunas o manuscritos herméticos. El arcón romano, egipcio, medieval, labrado, chapado, símbolo de riqueza o miseria según la crudeza o exuberancia de sus materiales, el arcón ha llegado hasta mi como un recipiente de plástico genérico, producido en masa, o como una caja de cartón rescatada de la basura, comprada en una tienda de barrio atiborrada de baratijas.

Arcón de mis secretos, cartas sin destinatario y juguetes queridos, poemas torpes y sordos, fotos sin memoria y memorias sin imágenes. Cofre o sarcófago de mi país portátil, un pasaporte y bolsitas de azúcar de una cafetería extinta, envoltorios de chocolates arrugados, la memoria de lo que ya no existe.

Confundo mi memoria con la caja plástica comprada en ikea, llena de papeles polvorientos, cerrada a la fuerza, donde habita el recuerdo de lo que creo ser. ¿Habré comprado mi pasado?, ¿Habré pagado lo suficiente? Temo la cuenta de mi memoria, una hipoteca impagable que se renueva a cada instante, y de la que pierdo poco a poco cada centímetro cuadrado.